UN ESTUDIO DE FISABO ANALIZA EL ACCESO DE PACIENTES CON ARRITMIA CARDÍACA A LOS DIFERENTES TRATAMIENTOS PARA PREVENCIÓN DE ICTUS

Científicos del área de Investigación en Servicios de Salud de la Fundación para el Fomento de la Investigación Sanitaria y Biomédica de la Comunitat Valenciana (Fisabio) han analizado los patrones de inicio de tratamiento con anticoagulantes orales en pacientes con fibrilación atrial en la Comunitat Valenciana.

La fibrilación atrial es la arritmia cardíaca más frecuente en la práctica clínica. En este estudio, los investigadores han analizado con qué medicamentos se decide iniciar la terapia en estos pacientes en cada uno de los 24 departamentos de salud de la Comunitat Valenciana.

El estudio recoge los datos de todos los pacientes con estas características que iniciaron tratamiento entre noviembre de 2011 y febrero de 2014 en los 24 departamentos de salud e incluye 21.879 pacientes, con una edad media de 75 años. Los resultados demuestran que hay una gran variabilidad en la elección terapéutica.

“Hemos estudiado el grado en que determinadas características individuales de los pacientes y los departamentos de salud influyen sobre la probabilidad de recibir uno u otro tipo de fármaco”, ha destacado Gabriel Sanfélix, director científico de Fisabio-Salud Pública y responsable del Área de Investigación en Servicios de Salud.

Con este estudio, uno de los primeros a nivel mundial que analiza dicha variabilidad, se pretende realizar un diagnóstico de situación “que puede ser de gran utilidad para los decisores sanitarios a nivel nacional e internacional”, ha añadido Sanfélix.

La investigación ha comparado el inicio del tratamiento con dos tipos de anticoagulantes: por una parte, el tratamiento tradicional (más conocido por su nombre comercial Sintrom, que pertenece a la familia de fármacos antivitamina K (AVK). Y por otra, los fármacos anticoagulantes orales de acción directa, denominados DOAC (tales como dabigatran, rivaroxaban, apixaban y edoxaban), comecializados en los últimos años.

Los DOAC presentan tasas de eventos tromboembólicos y hemorrágicos similares o inferiores que el tratamiento convencional. Estos medicamentos no precisan de monitorización para evaluar la capacidad de coagulación de la sangre y presentan un efecto predecible con dosis fijas.

No obstante, también presentan una serie de limitaciones como la indisposición de test para monitorizar su actividad anticoagulante, la escasez de antídotos, la afectación del filtrado renal o su elevado coste relativo.

El uso de DOAC en España está sujeto a visado de inspección y a las recomendaciones del Informe de Posicionamiento Terapéutico (ITP) del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.

El IPT sitúa a los DOAC como segunda línea de tratamiento y el inicio terapéutico con estos medicamentos se restringe a determinadas situaciones clínicas: contraindicación a fármacos AVK, imposibilidad para acceder a control de monitorización de coagulación de la sangre, o elevado riesgo de hemorragia intracraneal.

Pese a esta situación regulatoria, los resultados muestran una alta variabilidad en los patrones de inicio con anticoagulantes orales para la prevención de ictus entre departamentos de salud. “El objetivo es conseguir el acceso equitativo a los tratamientos y contribuir con nuestra investigación a garantizar el modelo de atención sanitaria justo y universal”, ha destacado Aníbal García, investigador del Área.

Los resultados recogen tres patrones de comportamiento: aquellos departamentos en que el inicio con DOAC no supera el 20% en todo el período, otros en que va creciendo paulatinamente (desde el 20 al 50% aproximadamente), y un tercer grupo en el que los inicios con DOAC superan en algunos momentos a los inicios con Sintrom.

Los resultados de esta investigación han sido publicados recientemente en la prestigiosa revista Frontiers in Pharmacology. Firman el artículo los investigadores de Fisabio y de la Red de Investigación en Servicios de Salud en Enfermedades Crónicas (Redissec), Aníbal García-Sempere, Daniel Bejarano-Quisoboni, Clara L. Rodríguez-Bernal, Salvador Peiró y Gabriel Sanfélix-Gimeno. Junto a ellos, Julián Librero, investigador del Centro de Investigación Biomédica del Gobierno de Navarra (Navarrabiomed) y Redissec. GVA / COECS.