INGOBERNABILIDAD

Jorge Raya2

 JORGE RAYA

Estudiante de Periodismo en la Universidad Cardenal Herrera-CEU. Sin experiencia pero con vocación. Aficionado del cine, la música, la literatura y el fútbol cuando es auténtico. Será por la inocencia de mi juventud, pero todavía creo en el buen periodismo.

 

Berlusconi todavía tiene amigos. Seis millones, más concretamente. Aunque quizá no sean tanto amigos como simpatizantes. Pero continúan ahí, esperándole, dándole su soporte justo cuando más lo necesita. Sin embargo, ha sido el retorno del rey (o del Cavaliere) el factor que sitúa a Italia entre las cuerdas. Las emociones que es capaz de transmitir un único personaje entre el heterogéneo pueblo italiano es digno de admiración. El estilo dicharachero y violentamente vulgar de Silvio consigue conectar con la ciudadanía. Amor, odio, condescendencia. Una figura digna de mención en el panorama de ingobernabilidad que presenta la tercera potencia de la Unión Europea. Quizá él haya sido el factor clave del caos electoral italiano; también puede que haya sido la intromisión de Bruselas en los asuntos internos de Italia. Quizá la combinación de ambos haya sido el detonante que haya hecho estallar la rabia contenida por el pueblo italiano.

La austeridad ni gusta, ni funciona. Eso ha quedado más que claro. Tan claro que Mario Monti, el reputado economista colocado por Alemania para asegurar sus intereses, ha tenido que divagar por plazas y televisiones con tal de convencer a los italianos de que las políticas anti-crisis recetadas por Europa son las adecuadas. Fracasó. Rotundamente. La coalición que lidera ha caído en el pozo del olvido y, ahora mismo, su silencio cotiza más alto que sus palabras. Ni siquiera un diez por ciento de los votos le han sido concedidos por el electorado italiano. Un mensaje claro y conciso que desvela la fracturación progresiva entre la Europa del Sur y la del Norte.

Y, a todo esto, Bersani. ¡Oh, Bersani! Nuestro Rubalcaba italiano. El marxista reconvertido en socialdemócrata. El hombre que creyó ser el elegido por los italianos para comandar el destino de su país. Menuda sorpresa la que se habrá llevado. Su problema se ha encontrado tanto en el contenido como en el continente. La juventud no le apoya, no en su mayoría. Esos votos perdidos  han resultado ser suficientes para que, a pesar de ser la fuerza más votada, Bersani no alcance su objetivo de gobernar la República italiana. Porque tan improbable resulta un pacto entre las dos grandes fuerzas del país que casi todos los pronósticos auguran la celebración de unas nuevas elecciones antes de fin de año. A no ser que aparezcan en escena nuevos actores, actores como Beppe Grillo, del Movimiento 5 Estrellas, el humorista reconvertido en portavoz de la desdicha ciudadana. El bloguero con más visitas de toda Italia.

Imagínense cuál es la situación del país como para que un showman, por más astuto e inteligente que se presente, simbolice el único halo de esperanza y progreso en el que se puede sustentar Italia. Su plataforma ha obtenido un gran apoyo en las urnas, alcanzando más del 25% de los votos escrutados. Su carisma y entrega ha terminado por convencer a los italianos de que, continuando con el sistema político y económico actual, Italia jamás superará los problemas sistémicos que ahogan su prosperidad. Un aviso a Europa sin parangón hasta la fecha.

Si en España la indignación social queda plasmada en manifestaciones callejeras y movilizaciones cibernéticas, en Italia ha quedado patente mediante la fuerza de los votos. El desencanto popular ha decidido hacer mella  y ha optado por rebelarse ante lo impuesto desde Europa, más allá de que tan solo tres de cada cuatro italianos con derecho a voto lo haya ejercido.

Al fin y al cabo, puede que Italia se haya convertido en el último bastión de la resistencia. Todavía queda la pequeña esperanza de que los resultados escrutados no solo sirvan como amenaza para los inversores, sino también como reclamo de cambio para los parlamentarios europeos. No basta con lamentarse sobre la situación real del flanco sur de la Unión, no mientras se proceda con su asfixia bajo la coartada del déficit y la deuda.